die zauberflote
Como Die zauberflöte, nuestro montaje se articula en distintas simetrías simaltáneas, que oponen parejas de personajes, valores plásticos o situaciones espaciales. Estas simetrías, en tanto que enfrentan una cosa y otra, pasan de una cosa a otra, son la respiración de la obra.
La primera enfrenta el montaje canónico de Die Zauberflöte –los ocho telones de karl Friedrich Schinkel en 1815- a nuestra intervención , en la que quedan integrados como girones de memoria fragmentos de aquellos dibujos.
La segunda enfrenta dos elementos: los telones y los muebles.
La tercera enfrenta, en los propios telones, las aberturas hacia la sala y las aberturas hacia el transfondo, las proyecciones en las cortinas y las proyecciones en los huecos de las cortinas, las proyecciones de luz o los planos de sombra.
La cuarta enfrenta a los muebles entre sí. Los muebles son tres, dos de ellos simétricos, y cambian de aspecto por su posición o por las proyecciones que los recubren.
La quinta enfrenta los valores plásticos, arrugados, articulados, del vestuario de los personajes a los campos más contínuos de los telones y los muebles.
La sexta enfrenta los colores terrosos, dorados, cálidos de algunos personajes a los colores azules y plata de otros, pero en cada uno de ellos algo de esa misma oposición se recoge, por la ambigüedad de los colores avinados.


