

Formentera representa un sueño, por lo tanto es algo intangible e irrealizable
a simple vista. Adentrarnos en esta isla es como sumergirnos en el subconsciente,
para construir un paisaje mental, que sobrepasa todo límite de lo real.
Proponemos pues un viaje a un lugar, que nos haga desvanecer de la superficie.
El programa ofrece espacios para el descanso y la contemplación de
la naturaleza. El solar se abre al mar por la parte sureste de la isla y está
circundado por un parque natural. Nuestros pabellones quieren ser extensiones
de este paisaje, sin entorpecer las vistas. Los muretes de piedra antiguos,
divisorios del terreno, nos sirven como punto de apoyo de estos pabellones
y como elemento de camino que los diferencia.
Un elemento predominante en la isla es el muro de piedra seca. Conformado
por piedras sacadas de las zonas de cultivo crea la separación de propiedades
y protege las áreas de cultivo, formando una red rectilínea,
que vista des del aire tiene la apariencia de un laberinto.
El solar viene definido por dos parcelas con un sólo acceso desde la
carretera. Creemos aconsejable para este tipo de actuación paisajística,
que los habitantes de los pabellones dejen su coche aparcado en un espacio
previsto a pie de carretera siguiendo la dirección marcada por los
pabellones. Desde este punto se dibuja un recorrido hacia el mar sorteando
los distintos muretes existentes y sus caminos nexos de conexión hasta
llegar a un espacio común formado por una lámina de agua marina
y una pequeña zona de restauración. Junto a este mirador sobre
el mar se excava una zona de descarga y aparcamiento.
Es más un proceso de sustracción, que de adición el que
prevalece en este proyecto. Se excava la tierra y se colocan 15 cubiertas,
dando lugar a unos pabellones de estancia semienterrados. Las cubiertas son
plataformas que se erigen 1,10m de la tierra en dirección al mar, hasta
dejar un hueco mínimo de 2,5m para penetrar y estar al abrigo de la
piedra. Las plataformas tienen una estructura interna de acero, pero el exterior
está recubierto con la misma piedra calcárea del alrededor.
Por otro lado tendremos el efecto contrario que es descubrir lentamente el
paisaje mientras vamos subiendo desde el interior hasta la superficie. Si
en el terreno natural la pendiente baja hacia el mar, la propuesta marca una
dirección contraria penetrando la tierra hasta tocar el agua, límite
artificial a modo de mar individual.
La intersección del plano de agua con su vertical no es brusca, si
no que intenta dar una continuidad visual por debajo del nivel del suelo,
mediante un voladizo que funciona como surtidor del circuito de agua. De esta
forma prolongamos la sensación de una continuidad del agua.
Esta lámina de agua funciona a su vez como un regulador de humedad
ambiental, tanto refrescando el aire como enfriando el suelo mediante un sistema
cerrado de refrigeración. Dicho sistema está formado por un
serpentín, que colocado debajo la lámina, absorbe un diferencial
de temperatura llevándolo al interior del pabellón. Así
se crea una sensación agradable en verano, que es recuperable en invierno
como sistema de irradiación de calor. El aporte energético para
el a.c.s se solucionará mediante la incorporación de un sistema
de placas solares. Aportando tanto agua caliente como calefacción durante
el periodo invernal. Este aporte calorífico se intercambia durante
los meses de invierno, en el circuito del serpentín repartiéndose
por el plano del suelo. La necesidad eléctrica se solucionara con placas
fotovoltaicas que se colocaran o bien en las cubiertas o en un entorno próximo
al resguardo de los muretes. La sensibilización por el aprovechamiento
máximo del agua nos lleva a crear un segundo circuito de aguas que
recoge las aguas grises de uso corriente y las reutiliza como descarga de
residuos que se acumulan en una fosa séptica estanca. Tanto el abastecimiento
de agua potable como la recogida de residuos se estudiaran optimizando los
recursos existentes.
Todo el mobiliario está bajo tierra y forma parte de la propia piedra calcárea. Son los mínimos muebles necesarios para vivir. Así, por ejemplo, la cama es parte de la losa de tierra, que a la hora de dormir, se eleva 40cm y se convierte en somier. De igual manera, las que a través de sus cerramientos semienterrados dejan pasar mesas y taburetes pueden integrarse en la arquitectura del paisaje. Los pabellones tienen una única fuente lumínica, que proviene del interior de los dos baños, una luz tenue. Las plataformas, la estructura y vidrios del cerramiento, que sobresalen de la cota del terreno, se bajan hasta quedar totalmente encastados en la tierra. El sistema de cierre se asemeja al sistema de plataformas elevadoras sobre pistones hidráulicos. Así, cuando los in- habitantes lo precisen ( por la noche o en invierno), estos pabellones pueden desaparecer en el paisaje, sin apenas dejar contaminado el territorio.
